Un hombre inteligente y polémico escribe sobre nuestra TV

De Telecataplum a Video Match: cómo se exterminó la cultura popular

Jorge Denevi. Mi homenaje a uno de los responsables de la mejor historia de canal 12 (Foto de Leo Barizzoni)

Asistir a la fiesta que ofreció el canal 12 por su cincuentenario fue una experiencia reveladora. Porque pasados los discursos y homenajes de rigor, tuvieron la buena idea de presentar una antología de los programas realizados y emitidos durante las últimas cinco décadas. Como tengo exactamente la misma edad que el canal, ese repaso se convirtió en algo muy parecido al de mi propia vida, como televidente que soy desde que nací. Y ahí me pregunté, ¿es que me pegó el viejazo, es que me convertí en un nostálgico empedernido como buen yorugua, o realmente la televisión uruguaya fue gloriosa en el pasado y hoy, por decir lo menos, dista mucho de serlo?

La antología que se presentó esa noche incluyó un capítulo especial para los “Lobizones” Jorge y Daniel Scheck, que desde Telecataplum (y la revista Lunes) desarrollaron un estilo de humor original e inteligente, logrando integrar un elenco con brillantes actores y actrices del teatro de esa época, que quedaron unidos para siempre a la mejor historia de la cultura uruguaya.

Prueba de ello fueron dos gags mostrados en la ocasión: el partido de fútbol entre conquistadores españoles e indios, realizado el mismo año que abrió el canal, en 1962, que todavía hoy provoca carcajadas, y un unipersonal del inolvidable Emilio “Guita” Vidal, en el que interpreta el tango “Malena” a la manera de distintas profesiones, como verdulero, político, relator de fútbol, cura, militar y rematador. El primer sketch consistió en llevar una cámara a la playa, incorporando detalles de vestuario. El segundo fue sobre un fondo negro: el actor solo, haciendo reir con su penetrante capacidad de parodiar la realidad. Era una época en que no había que hacer grandes escenografías ni desnudar gatos para captar la atención del público.

La antología continuó con aquel milagro llamado “Plop”, en el que el gran Jorge Denevi -insólitamente no mencionado por el canal a la hora de los homenajes- recogió esa antorcha de excelencia y logró  crear verdaderos íconos de nuestra historia cultural, como las “Noticias Cantadas”, que acompañaron con humor el duro trajín de la apertura democrática.

De pronto apareció la cara de un porteño cubriendo toda la pantalla, en una desproporción que era simbólica de su influencia en la televisión y la cultura nacionales. Empieza la era Tinelli y todo cambia. Arranca la crisis económica y moral: el reality y el chusmerío imbécil empujan fuera de la grilla a la producción nacional inteligente.  No vuelven a hacerse ciclos de humor. Los que había en otros canales, comoDecalegrón, también desaparecen. Intentos como Guau en canal 12,Gastos Comunes en el 10 y El punto je en el 4, murieron de un tiro en la nuca, ajusticiados por el control remoto. Porque es simplista acusar de esta realidad a las direcciones de los canales. Las decisiones siempre fueron tomadas de acuerdo con la preferencia del público. La pantalla cedida a los Lobizones no se debió a una actitud generosa por producir cosas de calidad. Se debió a que el público uruguayo lo pedía y los anunciantes pagaban por poner allí sus marcas.

A partir de la revolución tinelliana, la producción de ficción uruguaya fue más la excepción que la regla, y se ha debido o bien a un esfuerzo de inversión de los canales, casi nunca rentable, o bien a la actitud heroica de realizadores y productores particulares, que en general terminaron malheridos económicamente o en quiebra.

Quienes siempre critican y no hacen nada, gustan decir que lo que producimos en Uruguay es malo, no tiene calidad, es improvisado, torpe y sin ideas. Tal vez por eso los canales 10 y 12 han hecho el experimento de contratar a supuestos expertos argentinos para hacerse cargo de sus ficciones, aunque eso no se haya correspondido con una mejor suerte de los productos realizados. Resulta curioso que en los años 60, 70 y 80, la televisión uruguaya haya exportado sus productos y sus actores a la Argentina, donde a artistas como Ricardo Espalter y Enrique Almada se los considera prohombres del humor, y que hoy importe de ese país a gente ignota que le cuesta más cara, sin reportarle mayores beneficios. Resulta igualmente curioso que quienes dirigimos teatro recibamos periódicamente el llamado de productores de los canales, para que les recomendemos nombres de buenos actores y actrices a quienes hacer audicionar (ver teatro para conocer a sus mejores cultores, no es una costumbre muy extendida entre productores de televisión). Y más que curioso, resulta sorprendente que, del mismo modo que se da lugar a una nueva generación de comunicadores, no se hace lo mismo con los nuevos directores, realizadores y guionistas, habiendo gente egresada de la Udelar, la Católica, la ORT y la Escuela de Cine de Cinemateca, que ha demostrado sobradamente su competencia y talento. Parece haberse impuesto la fórmula “si es argentino, es bueno”, cuando la que regía en el país vecino, durante los años de Telecataplum, era exactamente la inversa.

Nosotros los uruguayos, seguimos atados a nuestra peculiar característica de darnos para atrás. Menospreciábamos a Drexler cuando cantaba en el boliche de la esquina, y lo veneramos desde que ganó el Oscar, como a un nuevo Obdulio. Con esta misma actitud, premiamos con los mayores niveles de rating la basura bien producida que viene de Argentina y criticamos a la ficción uruguaya que vimos la otra noche, porque si el que actúa vive acá a la vuelta, no debe ser tan buena.

Los grandes creadores de la televisión de otros tiempos hoy brillan en el teatro, como Denevi, Mary Da Cuña, Roberto Jones, Laura Sánchez y tantos otros. Nadie entiende cómo no siguen haciendo su aporte en la construcción de una cultura popular que nos enorgulleció durante décadas. Tal vez su humor inteligente hoy no nos haga tanta gracia, porque los porteños nos enseñaron que hay que reírse de los defectos del otro, de su inocencia burlada con cámaras ocultas y toda esa mierda. Pero rescatar aquellos valores podría ser un primer paso en la reconstrucción de una cultura popular exterminada.

Fuente: http://blogs.montevideo.com.uy/blognoticia_54850_1.html