Jaureguiberry celebra su lugar en el mundo

El mundo entero se sorprendió cuando se conoció la noticia que la primera escuela autosustentable de América Latina había sido inaugurada en un rinconcito del planeta llamado Jaureguiberry. Ese lugar tiene algo especial y así lo cuentan los vecinos orgullosos que ahora y a partir del próximo fin de semana comenzarán a celebrar sus 80 años como comunidad. El 28 de octubre de 1937 fue formalmente aprobado el fraccionamiento por parte de la Intendencia de Canelones. Ahora, los 530 vecinos lo celebrarán con charlas, juegos y distintas actividades artísticas, bailes, espectáculos de rock, candombe y folclore, fogones, campeonatos de pesca, taller de cometas, plantación de árboles y la colocación de una placa en homenaje a Don Miguel Jaureguiberry.

Según explicó el secretario general de la Liga de Fomento de Parque Balneario Jaureguiberry, Rafael Muñiz, los festejos tienen como gran objetivo continuar el proceso de “unión” de la comunidad. El próximo sábado 16 de setiembre comenzarán los festejos con algunas charlas para recordar cómo era el balneario en sus inicios. Las disertaciones y charlas están pensadas fundamentalmente para que los niños, niñas y adolescentes conozcan la historia del lugar y las brindarán los vecinos más antiguos de allí. El lugar elegido para el inicio de estos encuentros denominados “Historias de Jaure”, es la escuela autosustentable de Jaureguiberry.

En la bioconstrucción sustentable de 270 metros cuadrados, participaron voluntarios de 30 países y se utilizaron 2.000 neumáticos, 5.000 botellas de vidrio, 2.000 metros cuadrados de cartón y 8.000 latas de aluminio. Tiene tres aulas, dos baterías de baños y otros servicios.

“La escuela tiene y genera un vínculo muy fuerte entre nosotros. Es muy fuerte  porque nuestra comunidad es muy pequeña, compuesta por unos 530 vecinos. Lo que ha generado esta escuela sustentable es impresionante”. El proceso de instalación y habilitación de la escuela llevó un buen tiempo de trámites “y muchas de esas actividades las hacíamos nosotros, los vecinos, con las madres y padres de los propios alumnos” explicó Muñiz. “Mientras se remodelaba el cuartelillo de bomberos del lugar, la propia sede de la Liga de Fomento sirvió como sede para que allí funcionara el comedor de la escuela”. Según contó Muñiz, durante un año los gurises y la gente de la comunidad nucleada en la Liga de Fomento compartieron los almuerzos. “Esos fueron vínculos que se construyeron en el día a día”. De manera silenciosa, los mayores junto a hijos propios y de vecinos, fueron compartiendo más que el pan de cada día. “Nuestros hijos, sobrinos, se hicieron amigos de gente de sesenta o setenta años, y ahora los ves jugando al ajedrez juntos”. El taller de ajedrez del lugar se llama Rafael Calzada en honor a un vecino ya fallecido, “que fue el que le enseñó a jugar a los gurises”.

 

Sorprendiendo al mundo

La escuela sustentable de Jaureguiberry fue una demostración más de superar diferencias por un objetivo común. El mundo se volvió a sorprender por ese cielo de un solo color. “Claro que acá también hubo, hay y habrán matices, porque eso sucede donde haya dos personas o más; el tema es que las complicaciones se tratan de superar para llegar a un punto común y que es por el bien de todos. Eso es lo más importante que hemos aprendido con nuestra experiencia de convivencia de estos años”.

Muñiz trabaja como constructor zonal y en el mantenimiento de piscinas. Llegó a Jaureguiberry hace unos 23 años “y entonces ya se hablaba de la escuela, porque había madres con gurises chicos que necesitaban de una escuela a la que pudieran acceder de manera sencilla y sin grandes traslados”.

Los problemas para una comunidad pequeña requieren respuestas colectivas y cuando se puede, con la coordinación y trabajo conjunto con los vecinos de balnearios cercanos. Ahora están abocados a la solución de la problemática del agua potable. “Hace muchísimos años que se tramita, y si bien por ahora no llega, va a llegar un momento en que alguno de los vecinos lo va a lograr, porque esa es nuestra forma de pensar, que no trabajamos pensando en nosotros mismos, sino en los demás, y así se trata de alcanzar logros colectivos, que van más allá de una generación”.

Si bien por estas los integrantes de la comunidad de Jaureguiberry están realizando tareas de cara a los festejos del 80 aniversario, también mantienen sus espacios de reunión para procurar avanzar en los distintos aspectos pendientes que preocupan a los vecinos y vecinas. Los habitantes de Jaureguiberry junto a organizaciones sociales y vecinos y vecinas de Cuchila Alta, Santa Ana y Biarritz trabajan en cuatro ejes temáticos de interés común: la problemática de la franja costera, el agua de OSE, la creación de una guardería o centro Caif en la zona y la convivencia y seguridad, que son todos temas en común que preocupan a los vecinos de los balnearios de la zona.

Según recuerdan los pobladores con entrañable admiración, algunas tardes, mientras descansaba en Jaureguiberry, un flaco veraneante cantaba sus milongas y algunos tangos. Se llamaba Zitarrosa pero para casi todos era el flaco o don Alfredo.

 

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