Arriba los pobres del mundo. De pie los esclavos sin pan.

fenapes-comunicadoCorría el año 1886. En la ciudad de Chicago germinaba la lucha proletaria. Desde 1881, la federación de sindicatos americana había centrado la propaganda en torno a la justeza de reducir jornadas de 12 y hasta 16 horas diarias a 8 horas diarias de labor. ¡A partir de hoy, ningún obrero debe trabajar más de ocho horas por día! ¡Ocho horas de trabajo! ¡Ocho horas de ocio! ¡Ocho horas de estudio!
La consigna hizo carne en los trabajadores. Desde el 1° de mayo, los obreros se negarán a trabajar más de ocho horas diarias. Aparentemente, se eligió la fecha porque coincide con el día en que varios de los Estados de la Unión renuevan los contratos de diversos oficios. La convocatoria logró una adhesión de más de 5.000 huelgas, logrando el apoyo aproximado de 350.000 trabajadores. En muchas ciudades la reivindicación fue lograda.
Uno de los lugares donde la burguesía se mostró más dura fue en la ciudad de Chicago. La lucha obrera, en la fábrica de segadoras de Cyrus Mc Cormick juntaba la reivindicación de la jornada de 8hs con la recontratación de compañeros despedidos en el marco de una huelga. La enorme manifestación del 1° de mayo congregó más de 40 mil trabajadores y nucleó tanto a los anarquistas como a los socialistas. La policía reprimió duramente a la movilización. La huelga se extiende y la patronal contrata rompehuelgas. Fuera de la fábrica Mc Cormick se produce una concentración a la hora de salida.
Al día siguiente en medio de una movilización pacífica en la plaza de Haymarket un provocador hace estallar una bomba que hiere a algunos de los 180 policías armados a quienes se había ordenado estar allí. La represión se desata. El saldo: 8 policías muertos y 50 obreros heridos muchos de ellos heridos de muerte.
Es la excusa perfecta para intentar exterminar el movimiento obrero organizado y acabar con sus dirigentes. Se decreta estado de sitio. “¿Pintar el terror de Chicago, y de la República? Spies les parece Robespierre; Engel, Marat; Parsons, Dantón. ¿Qué?: ¡menos!; ésos son bestias feroces, Tinvilles, Henriots, Chaumettes, ¡los que quieren vaciar el mundo viejo por un caño de sangre, los que quieren abonar con carne viva el mundo! ¡A lazo cáceseles por las calles, como ellos quisieron cazar ayer a un policía! ¡salúdeseles a balazos por dondequiera que asomen, como sus mujeres saludaban ayer a los “traidores” con huevos podridos! ¿No dicen, aunque es falso, que tienen los sótanos llenos de bombas? ¿No dicen, aunque es falso también, que sus mujeres, furias verdaderas, derriten el plomo, como aquellas de París que arañaban la pared para dar cal con que hacer pólvora a sus maridos? ¡Quememos este gusano que nos come!. ¡Ahí están, como en los motines del Terror, asaltando la tienda de un boticario que denunció a la policía el lugar de sus juntas, machacando sus frascos, muriendo en la calle como perros, envenenados con el vino de colchydium! ¡abajo la cabeza de cuantos la hayan asomado! ¡A la horca las lenguas y los pensamientos!”
En la cárcel son encerrados 300 obreros y los principales líderes anarquistas de Chicago: Schwab, Fischer, Engell, Lingg, Neebe, Fielden y Spies. Parsons, quien había logrado escapar y esconderse, decide entregarse y correr la misma suerte de sus compañeros. La condena, aunque sin pruebas –se comprueba que no fueron ellos quienes arrojaron la bomba- es a morir en la horca. Tras la apelación, la Suprema Corte de Justicia confirma la sentencia de todos menos dos. Shwab y Fielden pasan a tener cadena perpetua –lo avanzado de la edad les hace tener “piedad” para con ellos. Antes de dar la satisfacción de pasar por el cadalso, Lingg se suicida.
“Y dos días después, dos días de escenas terribles en las casas, de desfile constante de amigos llorosos; ante los cadáveres amoratados, de señales de duelo colgadas en puertas miles bajo una flor de seda roja, de muchedumbres reunidas con respeto para poner a los pies de los ataúdes rosas y guirnaldas, Chicago asombrado vio pasar tras las músicas fúnebres, a que precedía un soldado loco agitando como desafío un pabellón americano, el ataúd de Spies, oculto bajo las coronas; el de Parsons, negro, con catorce artesanos atrás que cargaban presentes simbólicos de flores; el de Fischer, ornado con guirnalda colosal de lirio y clavellinas; los de Engel y Lingg, envueltos en banderas rojas, -y los carruajes de las viudas, recatadas hasta los pies por velos de luto, -y sociedades, gremios, vereins, orfeones, diputaciones, trescientas mujeres en masa, con crespón al brazo, seis mil obreros tristes y descubiertos que llevaban al pecho la rosa encarnada”

Y gritemos todos unidos
¡Viva la Internacional!

La movilización de Chicago había logrado limar las diferencias a la interna del movimiento obrero para poner en primer lugar la defensa del objetivo común.
En 1889 se generan nuevos intentos para organizar el internacionalismo proletario. El congreso de París, a propuesta del sindicalista francés Lavigne “Se organizará una gran manifestación internacional en fecha fija y en todos los lugares a la vez, el mismo día, los trabajadores exijan a los poderes públicos la reducción legal de la jornada de trabajo a ocho horas”. La fecha acordada por los delegados fue la del 1° de mayo, siguiendo una resolución del congreso de la American Federation of Labour de 1888.
Londres tuvo uno de los actos más grandes En Europa. Y mantuvo la unión de las distintas tendencias a la hora de defender a los proletarios en un acto común que, según cálculos de prensa, reunió más de 300.000 personas. En Francia, hubo huelgas o manifestaciones en París y más de 150 ciudades o localidades. En España, estuvo marcado por los conflictos entre socialistas y anarquistas pero hubo manifestaciones de importancia en Madrid y Barcelona. Hubo también manifestaciones en distintos lugares de América Latina como Argentina, Cuba y Uruguay.
En nuestro país, el acto fue convocado por una Comisión organizadora: “Aviso: Hoy primero de mayo de 1890 se invita a todos los obreros de Montevideo a asociarse a la huelga universal. Se os invita para la protesta contra la explotación del ‘hombre por el hombre’, el día 1° de mayo a las 2 de la tarde. Punto de reunión: Cervecería de Giambrunus, frente al Cementerio Inglés, Calle 18 de Julio esquina Olimar” El aviso fue pegatineado en las calles montevideanas.
Las vivencias de los distintos lugares fueron dando cada vez mayor importancia al día mundial de los trabajadores. La lección de Unidad, Solidaridad y Lucha es claramente aprendida por los trabajadores uruguayos y se sintetiza en la gestación de la central única, donde se puso mucho cuidado en guardar los equilibrios tanto de tendencias como del tamaño de los sindicatos.
Este año 2015 es año de Ley Presupuestal. Para los trabajadores de la educación se determinan nuestras condiciones de trabajo por los próximos cinco años. Pero se determina mucho más que esto. Se determina el proyecto político del país a través de la asignación de recursos. Es por esto que la pelea no es, no puede ser solo nuestra. Es la pelea del movimiento sindical en su conjunto. Y como la unidad se visualiza en la actividad concreta, no puede, no debe quedar uno solo de nosotros sin participar del acto central del 1° de mayo en la plaza del mismo nombre o en los actos organizados por los distintos plenarios departamentales.

Ayer, hoy y siempre decimos:
¡Salud trabajadores!
¡Viva el 1° de mayo!

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